En toda carrera popular hay personajes que se repiten carrera tras carrera. Está el debutante nervioso que no para de mirar el reloj, el veterano que corre con la sonrisa puesta desde el kilómetro cero, y está el recortador: ese corredor que, de forma consciente o casi automática, decide saltarse unos metros del recorrido oficial para ganar tiempo o esquivar una dificultad.
La reacción más habitual ante este comportamiento es moral: "está haciendo trampas". Pero como entrenador, la pregunta que de verdad me interesa —y que probablemente también te interese si entrenas por tu cuenta o coordinas a un grupo— es otra: ¿qué lleva a alguien a saltarse una norma cuando, en la inmensa mayoría de los casos, no obtiene ningún beneficio real? Porque salvo excepciones, quien recorta no gana premio, no sube a un podio real y, muchas veces, ni siquiera mejora de forma significativa su posición en la clasificación. Lo único que consigue es un tiempo ligeramente mejor.
¿Por qué alguien necesita ese tiempo? La respuesta casi nunca está en las piernas. Está en la cabeza.
El deporte como laboratorio de personalidad
La psicología del deporte lleva décadas señalando algo que cualquier entrenador experimentado reconoce de forma intuitiva: las situaciones de exigencia competitiva funcionan como un laboratorio de personalidad. Cuando aparecen la fatiga, la presión del crono y la comparación directa con otros corredores, muchas de las máscaras sociales que llevamos en el día a día se caen, y emergen rasgos bastante estables de cada persona: su honestidad, su tolerancia a la frustración, su autocontrol, su necesidad de reconocimiento o su capacidad de respetar una norma incluso cuando nadie la está vigilando.
Recortar una carrera parece un gesto pequeño —unos metros, unos segundos— pero psicológicamente es muy revelador. Eso no significa que quien lo hace tenga un problema clínico ni un trastorno. Sí puede señalar, con bastante fiabilidad, ciertos estilos de personalidad y ciertos patrones de motivación que después se repiten en otros contextos de la vida de esa persona: el trabajo, los estudios, las relaciones.
Perfil 1: el racionalizador
Es, con diferencia, el perfil más común. Este corredor cuenta con un mecanismo psicológico muy bien documentado: la racionalización. No piensa "voy a hacer trampas". Piensa algo bastante distinto: "el recorrido estaba mal medido", "todo el mundo corta por ahí", "solo han sido un par de metros", "mi GPS siempre marca de más", "esa era la trazada ideal, no un atajo".
Detrás de esto hay un mecanismo que Leon Festinger describió por primera vez en los años cincuenta y que sigue siendo uno de los pilares de la psicología social: la disonancia cognitiva. Cuando nuestras acciones entran en conflicto con la imagen que tenemos de nosotros mismos como personas honestas, el cerebro busca reducir esa incomodidad, y lo hace casi siempre modificando la interpretación de los hechos antes que la conducta. Como resumen algunos investigadores que han estudiado este fenómeno en contextos de deshonestidad académica, muy trasladables al deporte, estas justificaciones sirven para reducir la disonancia cognitiva entre la creencia de que hacer trampas está mal y el propio comportamiento deshonesto.
Hay incluso un matiz más fino, descrito por investigadores del "self-concept maintenance": la mayoría de las personas cuentan con un margen interno —un "factor de ajuste"— dentro del cual pueden comportarse de forma deshonesta mientras siguen manteniendo la imagen de sí mismas como buenas personas. No buscan el máximo beneficio posible. Buscan quedarse justo por debajo del umbral donde la trampa empezaría a sentirse como una falta moral grave. No cambia la conducta: cambia la historia que se cuentan a sí mismos.
Perfil 2: el buscador de validación
Hay corredores cuya verdadera competición no termina en la línea de meta. Empieza cuando publican el resultado. Vivimos en una época en la que la marca deportiva tiene un componente social enorme: aplicaciones como Strava convierten cada entrenamiento y cada carrera en una oportunidad de reconocimiento externo, de likes, de comentarios.
Aquí entra en juego uno de los marcos teóricos más sólidos de la psicología de la motivación: la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan. Según este modelo, la motivación intrínseca hace algo por sí mismo, por el interés y el disfrute inherentes a la actividad, mientras que la motivación extrínseca implica hacer algo para obtener un resultado separable, como evitar un castigo o ganar reconocimiento. Cuando la balanza se inclina demasiado hacia lo extrínseco —hacia la aprobación externa— la tentación de maquillar pequeños detalles del resultado aumenta de forma considerable, porque lo que está en juego ya no es solo el rendimiento, sino la validación social que ese rendimiento genera.
En la práctica, esto se traduce en corredores que no buscan únicamente correr: buscan demostrar que corren. Y cuando esa necesidad de demostración pesa más que la satisfacción personal por el proceso, cualquier atajo empieza a parecer razonable.
Perfil 3: el hipercompetitivo
No todos los recortadores buscan engañar. Algunos, simplemente, necesitan ganar. Aunque sea por tres segundos. Aunque nadie recuerde ese resultado una semana después. Estas personas suelen presentar un nivel de competitividad muy elevado, hasta el punto de que la carrera deja de ser una actividad saludable y se convierte en una fuente constante de comparación social.
Su autoestima depende en gran medida del resultado. No disfrutan tanto del deporte en sí como de la sensación de sentirse mejores que el corredor que tienen al lado. Y aquí aparece una paradoja que veo con frecuencia en el trabajo diario con deportistas: cuanto más frágil es la autoestima de base, mayor suele ser la necesidad de demostrar superioridad externa, precisamente porque esa superioridad compensa una inseguridad interna que rara vez se verbaliza.
Perfil 4: el oportunista moral
Existe otro perfil muy estudiado en psicología social: personas cuya conducta depende enormemente de la probabilidad de ser descubiertas. Si hay jueces o control de paso, respetan la norma. Si no los hay, aparecen las excepciones. No sienten un conflicto moral intenso; simplemente hacen un cálculo de coste-beneficio. Si creen que nadie los va a ver, el comportamiento cambia.
Este fenómeno se ha estudiado durante décadas en investigaciones sobre honestidad y cumplimiento normativo, y la conclusión es bastante consistente: la mayoría de los seres humanos somos más honestos cuando sentimos que estamos siendo observados. La diferencia entre unas personas y otras está en cuánto cambia su conducta cuando esa vigilancia desaparece.
Perfil 5: el efecto rebaño
No todos los recortes son deliberados. En carreras muy numerosas aparece un fenómeno de comportamiento colectivo: cuando cientos de corredores toman una trayectoria incorrecta —por ejemplo, cortando una curva mal señalizada— nuestro cerebro interpreta automáticamente que ese camino debe ser el correcto. Es el mismo mecanismo por el que las personas cruzan un semáforo en rojo cuando ven que el resto del grupo lo hace. No siempre hay intención de hacer trampas: a veces, simplemente, seguimos al grupo porque nuestro cerebro está diseñado para ahorrar esfuerzo cognitivo tomando como referencia el comportamiento de los demás.
Perfil 6: el narcisismo cotidiano
La palabra "narcisismo" se usa a menudo de forma incorrecta y un poco a la ligera. No todo el que presume es narcisista, ni todo narcisista presume. Sin embargo, algunos recortadores muestran rasgos compatibles con lo que en psicología se conoce como narcisismo subclínico: personas que necesitan mantener una imagen de éxito constante, para quienes reconocer un fracaso resulta especialmente doloroso porque su identidad depende en exceso de parecer competentes.
Para este perfil, una mala carrera puede vivirse casi como una amenaza personal. Recortar unos metros se convierte, casi sin que la persona sea consciente de ello, en una forma de proteger esa imagen frente a los demás y frente a sí misma.
Lo más llamativo: la mayoría no siente que esté haciendo trampas
Quizá el hallazgo más interesante de toda esta línea de investigación es este: la mayoría de recortadores no experimenta culpa intensa. No porque carezcan de valores, sino porque su mente ha reconstruido la situación de tal forma que la conducta les parece justificable. Como concluyen algunos autores que han revisado décadas de estudios sobre disonancia cognitiva y deshonestidad, la creencia de que hacer trampas está mal no impide, por sí sola, que se produzca; muchas personas engañan a pesar de creer que es incorrecto o injustificable, y la clave está precisamente en cómo se gestiona después esa disonancia.
Somos, en general, extraordinariamente hábiles justificando nuestras propias decisiones. Mucho más hábiles que juzgando las ajenas.
¿Se puede entrenar esto? Sí, y la clave no son las sanciones
Aquí es donde el trabajo de coach se vuelve realmente útil, más allá del diagnóstico psicológico. La evidencia sobre motivación e integridad apunta en una dirección muy clara: la solución no está en aumentar el castigo, sino en modificar el tipo de motivación que sostiene el comportamiento del corredor. Un estudio reciente sobre intervenciones para reducir la deshonestidad en entornos de evaluación encontró que los mensajes basados en conceptos psicológicos de motivación —en contraposición a los mensajes centrados solo en la vigilancia o el castigo— redujeron el porcentaje de participantes que hacían trampas de forma completa en un 42%, y aumentaron un 19% el porcentaje de quienes no hacían trampas en absoluto, sin perjudicar el rendimiento ni la experiencia de quienes participaron.
Trasladado al running: los corredores cuya satisfacción procede del proceso —entrenar con constancia, mejorar su técnica, terminar una carrera con honestidad— muestran mucha menor tendencia a comportamientos deshonestos que aquellos que basan toda su autoestima en el resultado final. Cuando el objetivo deja de ser "parecer rápido" y pasa a ser "convertirme en un mejor corredor", recortar deja de tener sentido, porque ya no resuelve nada relevante para esa persona.
La verdadera línea de meta
No es preocupante el corredor que recorta veinte metros en una carrera popular sin trascendencia. Lo verdaderamente relevante es la necesidad psicológica que le lleva a hacerlo, porque ese mismo mecanismo probablemente reaparecerá en otros ámbitos de su vida: en el trabajo, en los estudios, en las relaciones personales, en cualquier situación donde el éxito dependa de la comparación con los demás.
Una carrera popular dura, como mucho, unas horas. La personalidad, en cambio, nos acompaña toda la vida. Y quizá esa sea la verdadera línea de meta: ser capaces de cruzarla sabiendo que hemos recorrido exactamente el mismo camino que los demás.
Una autoevaluación honesta antes de tu próxima carrera
Si quieres aplicarte este análisis a ti mismo —no para juzgarte, sino para entender mejor tu propia relación con la competición— hay tres preguntas que suelo plantear a los corredores que entreno cuando noto que el resultado empieza a pesar más de la cuenta:
¿Disfrutarías igual de esta carrera si nadie más que tú conociera el resultado? Si la respuesta es no, probablemente tu motivación se ha desplazado hacia el extremo extrínseco del que hablábamos antes, y merece la pena trabajar en ello antes de que se convierta en un problema mayor.
¿Sientes alivio o decepción cuando terminas más lento de lo previsto, incluso si el entrenamiento y las condiciones de la carrera lo justificaban? Una decepción proporcional es sana; una decepción desproporcionada, que te acompaña días después y que te hace cuestionar tu valor como corredor, suele señalar que la autoestima está demasiado enganchada al cronómetro.
¿Has cambiado alguna vez, aunque fuera mínimamente, tu relato de una carrera al contarla a otros? Ese pequeño gesto de "editar" la realidad, por pequeño que sea, es la puerta de entrada exacta al mecanismo de racionalización que hemos descrito en el primer perfil de este artículo. No hace falta haber recortado un metro del recorrido para reconocerse en ese impulso.
Trabaja tu motivación, no solo tu ritmo
Como entrenador nacional y coordinador de club, veo este patrón constantemente: los corredores que más disfrutan y más progresan a largo plazo son los que han aprendido a medir su éxito en su propio proceso, no en la comparación permanente con el resto. Si notas que tu motivación depende demasiado de lo que otros piensen de tus marcas, en Funtastic Race podemos ayudarte a rediseñar tu forma de entrenar y de competir para que el proceso vuelva a ser el centro. Escríbeme y hablamos de cómo construir un plan que te haga disfrutar de cada carrera, con o sin atajos de por medio.
Referencias
Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press.
Neurolaunch. (2025, enero 14). Cognitive dissonance in cheating: Unraveling the mental conflict. https://neurolaunch.com/cognitive-dissonance-cheating/
Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2020). Intrinsic and extrinsic motivation from a self-determination theory perspective: Definitions, theory, practices, and future directions. Contemporary Educational Psychology. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0361476X20300254
ResearchGate. (2009). Study of a cognitive dissonance intervention to address high school students' cheating attitudes and behaviors. https://www.researchgate.net/publication/233142786
ResearchGate. (2017). How to cheat and not feel guilty: Cognitive dissonance and its amelioration in the domain of academic dishonesty. https://www.researchgate.net/publication/314715692